Große Fuge, Op. 133
Ludwig van Beethoven
Beethoven empuja la fuga hasta romper el cuarteto de cuerda: disonante, colosal, incomprendida en su tiempo y hoy un abismo abierto en la forma.
En la fuente ↗
Ludwig van Beethoven
Beethoven empuja la fuga hasta romper el cuarteto de cuerda: disonante, colosal, incomprendida en su tiempo y hoy un abismo abierto en la forma.
En la fuente ↗
Dmitri Shostakóvich · Op. 87
En plena URSS, y tras el bicentenario de Bach, Shostakóvich reescribe el Clave bien temperado: la fuga vuelve entera al siglo XX.
En la fuente ↗
Douglas Hofstadter
La fuga salta a las ideas: «una fuga metafórica sobre mentes y máquinas», con diálogos que hacen lo que explican — el bucle que se contiene a sí mismo.
En la fuente ↗
Johann Sebastian Bach
BWV 1080 · a 4 voces
Johann Sebastian Bach
BWV 849 · Clave bien temperado I · a 5 voces
Johann Sebastian Bach
BWV 565 · órgano
Johann Sebastian Bach
BWV 582 · órgano
Johann Sebastian Bach
BWV 1080 · a 4 voces · a la duodécima
Johann Sebastian Bach
BWV 1080 · fuga a 3 sujetos · inacabada
Bach introduce su nombre —si♭·la·do·si♮, B·A·C·H— como tercer sujeto y se detiene. La plancha se corta a media frase. Aquí suena una terminación posterior; la partitura calla.
Oír más — grabaciones que solo puedo enlazar
Las obras son de dominio público; algunas grabaciones no lo son. Solo alojo aquí las seis que puedo compartir libremente.
Una fuga es varias melodías que son la misma melodía, sonando a la vez, sin estorbarse.
Casi toda la música organiza el sonido en jerarquía: una voz canta y las demás la acompañan. La fuga se niega a eso. Parte de un sujeto —una frase breve— y lo hace entrar en una voz, luego en otra desplazada en el tiempo y la altura, luego en otra. Cada voz conserva su independencia: no acompaña, argumenta. El oído sigue cuatro discursos simultáneos que caben unos dentro de otros porque cada nota fue pensada para servir a la vez a la horizontal —la melodía— y a la vertical —la armonía.
A eso lo llamamos contrapunto: punto contra punto, punctus contra punctum, nota puesta frente a nota. La regla es exigente y sencilla de enunciar: en cada instante vertical las voces deben sonar bien juntas, y a lo largo del tiempo cada una debe tener sentido por sí sola. Cuando el sujeto entra transportado una quinta arriba, la primera voz no calla: se convierte en contrasujeto y sigue argumentando. Si una segunda entrada empieza antes de que la primera termine —el stretto—, las voces se pisan y la tensión se dispara sin que ninguna pierda su línea. Ese es el milagro cotidiano de la forma.
De ahí que la fuga sea, desde Bach, la prueba de fuego del oficio. Escribirla obliga a resolver un problema que parece imposible: que varias líneas plenamente vivas encajen en cada instante. Bach la llevó al extremo en El arte de la fuga, catorce contrapuntos y varios cánones sobre un único tema, escritos sin indicar instrumento: música en estado puro, una demostración de que la forma se sostiene sola. La dejó sin terminar. Ese silencio a media frase se ha vuelto parte de la obra.
La fuga es una idea antes que un sonido: cómo varias voces iguales pueden coexistir sin fundirse en una sola.
Esa idea salta de disciplina en disciplina. Escher dividía el plano en figuras que se repiten, se invierten y se reflejan igual que un tema fugado, y él mismo comparaba sus teselados con el canon de Bach. Douglas Hofstadter construyó Gödel, Escher, Bach como «una fuga metafórica sobre mentes y máquinas»: sus capítulos alternan con diálogos contrapuntísticos que hacen lo que explican, el bucle que se contiene a sí mismo. Paul Celan llamó «Todesfuge» a su poema del exterminio, dejando que unas frases regresen y se recombinen como voces que entran y salen. Y Glenn Gould, al retirarse del concierto, inventó la «radio contrapuntística»: varios monólogos hablados superpuestos, tratados como voces de una fuga.
Debajo late una tesis política. Una fuga es un modelo de comunidad: voces de igual rango, cada una con su línea propia, que suenan a la vez sin que ninguna mande ni ninguna se calle. No es el unísono —donde todos dicen lo mismo— ni la melodía con acompañamiento —donde unos sirven a otro—. Es la forma más exigente de convivencia sonora, y quizá por eso sigamos volviendo a ella: demuestra que la independencia y el acuerdo no se excluyen.
W. A. Mozart · K. 546
▶ Escuchar en la fuente en.wikipedia.org ↗
L. v. Beethoven · Op. 133
▶ Escuchar en la fuente en.wikipedia.org ↗
G. Verdi · fuga final
▶ Escuchar en la fuente en.wikipedia.org ↗
A. Webern sobre Bach · timbre partido
▶ Escuchar en la fuente en.wikipedia.org ↗