El argumento, en profundidad

Por qué una fuga todavía importa

Una fuga es la afirmación, sostenida durante siglos, de que varias voces plenamente vivas pueden coexistir sin que ninguna mande y ninguna se calle.

Toda música organiza el tiempo, pero casi toda lo hace por jerarquía: una melodía manda y el resto acompaña. La fuga rechaza ese pacto. Toma un sujeto —una frase breve, con carácter— y lo hace entrar en una voz; luego, desplazado en el tiempo y transportado una quinta, en otra; luego en otra. La segunda entrada, la respuesta, no repite: contesta. Mientras, la primera voz sigue hablando, ahora como contrasujeto. Cada línea conserva su independencia melódica y, a la vez, encaja verticalmente en cada instante con las demás. Ese doble deber —servir a la horizontal y a la vertical al mismo tiempo— es lo que convierte la fuga en la prueba de fuego del oficio desde Bach.

La caja de herramientas

El sujeto puede darse la vuelta (inversión: cada intervalo que subía, baja), leerse del final al principio (retrogradación: el canon cangrejo), estirarse al doble (aumentación) o comprimirse. Las entradas pueden solaparse antes de terminar (stretto): las voces se pisan y la tensión se dispara. En El arte de la fuga, catorce contrapuntos y varios cánones sobre un único tema, Bach recorre todas estas operaciones sin indicar instrumento: música en estado puro, la demostración de que la forma se sostiene sola.

El silencio del final

La obra se interrumpe en el Contrapunctus XIV, justo después de que Bach introdujera su propio nombre —si♭, la, do, si♮: B-A-C-H en la notación alemana— como tercer sujeto. La plancha grabada se corta a media frase. Ese silencio no es un accidente que restauramos: se ha vuelto parte de la obra, la firma de que ni el mayor artesano cierra del todo el problema que él mismo planteó.

Fuera de la música

La fuga es una idea antes que un sonido, y por eso viaja. Escher teselaba el plano con figuras que se repiten, invierten y reflejan como un tema fugado, y comparaba su trabajo con el canon de Bach. Hofstadter escribió Gödel, Escher, Bach como «una fuga metafórica sobre mentes y máquinas», con diálogos que hacen lo que explican. Celan tituló «Todesfuge» a su poema del exterminio, dejando volver y recombinarse unas frases como voces que entran y salen. Glenn Gould, retirado del concierto, inventó la «radio contrapuntística»: varios monólogos hablados superpuestos, tratados como voces.

Una tesis política

Debajo late un modelo de comunidad. Una fuga son voces de igual rango, cada una con su línea propia, que suenan a la vez sin unísono —donde todos dicen lo mismo— ni acompañamiento —donde unos sirven a otro—. Es la forma más exigente de convivencia sonora: prueba que la independencia y el acuerdo no se excluyen. Quizá por eso seguimos volviendo a ella.

El arte
de la fugaBach · 1751 · y cuanto vino después

Cuatro voces iguales
que no se anulan al superponerse
la fuga al límite 1826

Große Fuge, Op. 133

Ludwig van Beethoven

Beethoven empuja la fuga hasta romper el cuarteto de cuerda: disonante, colosal, incomprendida en su tiempo y hoy un abismo abierto en la forma.

En la fuente ↗
Retrato de Ludwig van Beethoven por Joseph Karl Stieler
el regreso 1951

24 preludios y fugas

Dmitri Shostakóvich · Op. 87

En plena URSS, y tras el bicentenario de Bach, Shostakóvich reescribe el Clave bien temperado: la fuga vuelve entera al siglo XX.

En la fuente ↗
Retrato de Dmitri Shostakóvich (Deutsche Fotothek)
más allá de la música 1979

Gödel, Escher, Bach

Douglas Hofstadter

La fuga salta a las ideas: «una fuga metafórica sobre mentes y máquinas», con diálogos que hacen lo que explican — el bucle que se contiene a sí mismo.

En la fuente ↗
Retrato de Douglas Hofstadter, Stanford 2006
  1. 1751

    Johann Sebastian Bach

    Contrapunctus I

    BWV 1080 · a 4 voces

    3:05
  2. 1722

    Johann Sebastian Bach

    Fuga en do sostenido menor

    BWV 849 · Clave bien temperado I · a 5 voces

    2:40
  3. c.1704

    Johann Sebastian Bach

    Tocata y fuga en re menor

    BWV 565 · órgano

    8:33
  4. c.1710

    Johann Sebastian Bach

    Passacaglia y fuga en do menor

    BWV 582 · órgano

    11:59
  5. 1751

    Johann Sebastian Bach

    Contrapunctus IX alla Duodecima

    BWV 1080 · a 4 voces · a la duodécima

    2:35
  6. 1751

    Johann Sebastian Bach

    Contrapunctus XIV

    BWV 1080 · fuga a 3 sujetos · inacabada

    9:04

    Bach introduce su nombre —si♭·la·do·si♮, B·A·C·H— como tercer sujeto y se detiene. La plancha se corta a media frase. Aquí suena una terminación posterior; la partitura calla.

Oír más — grabaciones que solo puedo enlazar

Gráfico · el sujeto entra escalonado en tres voces — ▶ escucha las seis
Qué aporta la fuga a la música Varias melodías que son la misma, sonando a la vez sin estorbarse. el contrapunto

Una fuga es varias melodías que son la misma melodía, sonando a la vez, sin estorbarse.

Casi toda la música organiza el sonido en jerarquía: una voz canta y las demás la acompañan. La fuga se niega a eso. Parte de un sujeto —una frase breve— y lo hace entrar en una voz, luego en otra desplazada en el tiempo y la altura, luego en otra. Cada voz conserva su independencia: no acompaña, argumenta. El oído sigue cuatro discursos simultáneos que caben unos dentro de otros porque cada nota fue pensada para servir a la vez a la horizontal —la melodía— y a la vertical —la armonía.

A eso lo llamamos contrapunto: punto contra punto, punctus contra punctum, nota puesta frente a nota. La regla es exigente y sencilla de enunciar: en cada instante vertical las voces deben sonar bien juntas, y a lo largo del tiempo cada una debe tener sentido por sí sola. Cuando el sujeto entra transportado una quinta arriba, la primera voz no calla: se convierte en contrasujeto y sigue argumentando. Si una segunda entrada empieza antes de que la primera termine —el stretto—, las voces se pisan y la tensión se dispara sin que ninguna pierda su línea. Ese es el milagro cotidiano de la forma.

Las cuatro voces del Contrapunctus I entran una a una y siguen sonando a la vez: contrapunto a la vista. Interpretación al melódica. Andrew Yoon · CC BY 3.0

De ahí que la fuga sea, desde Bach, la prueba de fuego del oficio. Escribirla obliga a resolver un problema que parece imposible: que varias líneas plenamente vivas encajen en cada instante. Bach la llevó al extremo en El arte de la fuga, catorce contrapuntos y varios cánones sobre un único tema, escritos sin indicar instrumento: música en estado puro, una demostración de que la forma se sostiene sola. La dejó sin terminar. Ese silencio a media frase se ha vuelto parte de la obra.

Más allá de la música Una idea antes que un sonido: voces iguales que coexisten sin fundirse. arte · pensamiento · sociedad

La fuga es una idea antes que un sonido: cómo varias voces iguales pueden coexistir sin fundirse en una sola.

Esa idea salta de disciplina en disciplina. Escher dividía el plano en figuras que se repiten, se invierten y se reflejan igual que un tema fugado, y él mismo comparaba sus teselados con el canon de Bach. Douglas Hofstadter construyó Gödel, Escher, Bach como «una fuga metafórica sobre mentes y máquinas»: sus capítulos alternan con diálogos contrapuntísticos que hacen lo que explican, el bucle que se contiene a sí mismo. Paul Celan llamó «Todesfuge» a su poema del exterminio, dejando que unas frases regresen y se recombinen como voces que entran y salen. Y Glenn Gould, al retirarse del concierto, inventó la «radio contrapuntística»: varios monólogos hablados superpuestos, tratados como voces de una fuga.

Debajo late una tesis política. Una fuga es un modelo de comunidad: voces de igual rango, cada una con su línea propia, que suenan a la vez sin que ninguna mande ni ninguna se calle. No es el unísono —donde todos dicen lo mismo— ni la melodía con acompañamiento —donde unos sirven a otro—. Es la forma más exigente de convivencia sonora, y quizá por eso sigamos volviendo a ella: demuestra que la independencia y el acuerdo no se excluyen.

Retrato de Johann Sebastian Bach por E. G. Haussmann (1746), sosteniendo el Canon triplex a 6 voces Compases del Contrapunctus XIV con el motivo si♭·la·do·si♮ —B·A·C·H— recuadrado en una de las voces
El hombre y su firma: Bach sostiene un canon en el retrato de Haussmann; a su lado, el Contrapunctus XIV, donde escribe su nombre —si♭·la·do·si♮, B·A·C·H— como tercer sujeto y se detiene. Retrato y partitura en dominio público
II · la cita

Un objeto que otros manipulan

InversiónEl sujeto se da la vuelta: cada intervalo que subía, ahora baja.
RetrogradaciónLa misma línea leída del final al principio: el canon cangrejo.
AumentaciónEl mismo tema, con cada nota al doble de duración: se estira.
StrettoLas entradas se solapan antes de terminar: las voces se pisan.
Página manuscrita de la Große Fuge de Beethoven
Beethoven, Große Fuge Op. 133, de su puño: la fuga llevada al límite del cuarteto. Dominio público
III · la deriva

El bucle que no se cierra

La espiral en pequeño — el bucle que no se cierra.
Más obras que huyen de la música
El canon cangrejo de la Ofrenda musical: una sola línea que se toca a la vez hacia delante y hacia atrás, y encaja consigo misma — el bucle que no se cierra. Robyn Speer · CC BY 3.0

Seis grabaciones libres · 38 minutos · de la exposición al silencio

libre · CC0 · dominio público

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Johann Sebastian Bach
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